LA. MOCHILA EMOCIONAL

 


¿Nunca te has parado a pensar en el peso que cargas a tus espaldas? Ese que te aplasta emocionalmente, que día a día suma acontecimientos a tu vida y que tú, lejos de procesar y dejar a un lado, asumes y mantienes ahí como si fuera un castigo. Como si tuvieras que ser esclavo de lo que sufres, sientes... 

Cuántas cosas cargamos, cuántas vivencias están marcando nuestra forma de ser. Bien es cierto que todo lo que experimentamos en la vida con forma nuestra personalidad y manera en que pensamos ante la situaciones. La forma en que elaboramos cada actuación y toma de decisiones viene influenciadas por como hemos sentido cosas similares en el pasado y esto no es algo que nadie experto en el tema necesite deciros ya que con la misma experiencia os daréis cuenta. Y es que esa mochila que empezó vacía en el momento en que nacemos se fue haciendo cada día más grande: personas, comentarios, críticas, errores, victorias,  progresos, juicios, pérdidas, amores y desamores, ganancias, momentos de conflicto, aspiraciones,  gusto...tantas cosas que la lista es interminable.  

Y es así, que cuando pasas por situaciones concretas te vienen a la mente de manera inconscientes pensamientos, ansiedad, miedos, nervios...que están ya influenciando a priori tu toma de decisiones ante ese hecho, por lo tanto no tienen la mente “sana” para poder actuar.  Posiblemente en un primer., segundo o tercer momento te darás cuenta pero llegará un día en que por necesidad tengas que hacerlo. Y ese ejercicio de introspección te marcará mucho más que la mochila que hasta entonces cargabas. 

En ese momento te vas a dar cuenta de que tiene que hacer frente a muchas situaciones que ni te dabas cuenta que estaban ahí, heridas abiertas que siguen doliendo y cicatrices que aún destellan en tus ojos cuando las recuerdas. Y lo único que está claro es que para solventar tu vida, sentirte a gusto en ella y tener una conciencia libre, debes despojarte de una vez por todas de la mochila emocional que cargas a tus espaldas. 


Te está asfixiando y ni siquiera lo notas. 

Es por ello que siempre que digo que lo que más duele y marca es lo que siempre está detrás de lo que vemos. 


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